Piense en dos niños que juegan en su barrio. Usted los escucha durante el día riendo y disfrutando. En cierto momento, uno de los niños se resiente con el otro, y dejan de jugar. Se apartan y no se hablan. Pasan 5 minutos, y de nuevo se oyen las risas, se oye que corren de un lado a otro; vuelven a jugar. ¿Qué sucedió? Si estaban peleados, eran enemigos. Pasados estos 5 minutos volvieron a ser amigos. El tema de hoy es ese: la reconciliación. Los niños suelen ser un ejemplo que Dios nos tiene sobre la reconciliación.
En la Palabra tenemos una enseñanza de la reconciliación por medio de la muerte de Jesús. Ya no hablamos de un juego, sino del Señor siendo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Romanos 5:10 dice: "Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
I. "Porque si siendo enemigos". El que no recibe a Jesús para vida eterna, para perdón de sus pecados, es constituido enemigo de Dios. Solo hay dos extremos, amigo o enemigo. No hay intermedio, no hay un tibio. Sin embargo, con la siguiente sección, nos damos cuenta que para los que creemos en Jesús se habla del pasado, de algo que era y ya no es.
II. "fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,". El Espíritu Santo nos enseña que la reconciliación se dio con la muerte de Jesús. No es algo que nosotros hayamos hecho. Como preguntó el joven rico, "¿Qué haré para heredar la vida eterna?". Bueno, la respuesta es: nada. No se puede hacer nada para ser reconciliado con Dios, sino que Jesús nos ha reconciliado con Dios por medio de su muerte. La historia no se acaba aquí, porque Jesús resucitó, como lo vemos en la siguiente sección.
III. "mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida". Por su muerte, somos reconciliados. Por su vida, obtendremos la vida eterna. Es algo futuro. No ha sucedido, y nuestra esperanza es que ese día llegue.
Si desea recibir a Jesús hoy, puede hacerlo, sabiendo ahora que ha sido reconciliado con Dios. Que usted puede ser como ese niño que se acerca a su amigo y le pide perdón. ¿Qué sentiría ese niño? Lo que más desea ese niño es que su amigo le diga que sí lo perdona. Jesús no echa fuera a nadie que se acerque a Él. Puede reconciliarse con Él hoy.
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